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Trekking en el Himalaya en 2017 – De Namche Bazaar a Khumjung (Kyangjuma)

La primera luz del día entra por la ventana y lleva mi vista hacia el paisaje de Namche Bazaar.

Tomo muesli con leche y lo que ya es tradición para mí: café solo. X. toma espaguetis.

Veo que tengo mensajes en el móvil gracias a la conexión wifi inestable; eso me alegra el corazón y aprovecho para decir que estaré un tiempo sin conexión en el teléfono.

Son las 8 de la mañana cuando hago una foto desde la altura que capta la belleza de Namche. Desde donde estoy veo los edificios dispuestos en semicírculo mirando hacia el valle, y ahí abajo, la fuente.
Esto me recuerda a los relatos de ciudades legendarias como las de los Aiel en La rueda del tiempo.
Me llevo una sorpresa al ver la foto: hay varios arcoíris que suben de la fuente hacia el cielo.

Empezamos la ascensión y nos cruzamos con una mujer y dos niños pequeños: una niña y un niño de no más de 4 años. El niño empieza a saludar a todo el mundo con Namasté, cada vez con más intensidad. Eso nos hace reír.

Al llegar al primer monasterio, Tundu se ofrece a hacerme unas fotos en la Gompa.

Después empieza el procesionar de siempre, con Jetta en cabeza, mientras Mónica y yo intentamos recordar el nepalí que aprendimos. Enseguida nos echamos unas risas con Jetta, Tundu y Sonam cuando somos capaces de formar las primeras frases.

El libro de Tundu para traducir rápido del inglés al nepalí me hace aprender cosas nuevas:
hakena – no estoy cansado.
hakio – estoy cansado
ma – yo
hami – nosotros
hami lai hakena – no estamos cansados

También en sherpa, distinto del nepalí:
tasidele (hola, como namasté)

Cuando llegamos a lo alto de las colinas vemos otro helipuerto y, unos pasos más adelante, nuestra primera vista de las montañas más altas del Himalaya:
Sagarmatha (Everest), Amadablan y los picos gigantes que lo acompañan.

Muy cerca está el Khumbila, o Khumbi(yu)la, el Dios de la Montaña o del País, como me explica Sonam.

X. quiere tener una vista mejor en la colina cercana y Tundu me invita a seguirlos. Yo salto encantado y voy corriendo hacia ellos, para descubrir enseguida que respiro con fuerza, como en una sesión de entrenamiento.

Desde aquí se ve el pueblo de la madre de Sonam: Khumjung, donde hay un instituto fundado por Hillary, un monasterio y, en el cercano Khunde, un hospital.

Tras un rato de descanso aquí, y siempre seguidos por una escolta de dos perros despreocupados que nos acompañan desde Namche, empezamos a descender y en el arco que nos da la bienvenida al pueblo nos hacemos unas fotos de grupo.

Sonam le dice a Jetta que nos guíe hacia la casa de su madre, donde nos recibe con cariño esta mujer amable y su nieta de 3 años: Chumji.

Todos los guías ayudan a cocinar y traen patatas hervidas de entrante.

La mujer, con ropa tradicional nepalí, nos anima amablemente a beber más té de fresa y nos rellena las tazas a cada momento mientras dice: «xié xié» (por favor, bebed).

Cuando alguien le pregunta la edad, Sonam dice: 89, y ella se echa a reír mientras señala el único diente que le queda en pie.

El plato principal es una sopa con fideos, huevo y algunas verduras. Chumji no para de dar vueltas mirándonos con curiosidad.

Cuando digo su nombre, en tono de pregunta, asiente con la cabeza, y más tarde, cuando X. quizá lo pronuncia mal, niega muy seria con la cabeza.

Así que, disfrutando de la hospitalidad, Luis pregunta por visitar el hospital de Hillary, que está a 15 minutos andando en el cercano Khunde.

Hacemos una pequeña donación en el hospital y, cuando volvemos a casa de Sonam a por las mochilas, su madre nos ha preparado varias bufandas blancas ligeras de bendición que nos coloca sobre la cabeza mientras sonríe.

Antes de despedirnos, Monica se hace una foto con Chumji. Yo digo adiós y ella responde: «pie, pie!».

Asombrado por su hospitalidad y su amabilidad, esto me trae a la memoria las palabras de Tundun sobre cómo los sherpa son buena gente que vive en paz en este valle precioso y que son honrados, valientes y amables. Esas palabras se me quedaron grabadas.

Visitamos el monasterio de Khunjung, donde se expone el cuero cabelludo de un Yeti. Todo el monasterio parece estar en pleno proceso de reconstrucción y levantamiento.

De camino a nuestro siguiente alojamiento encontramos la primera fila de yaks peludos que vemos.

Y no más de una hora después llegamos al Amadablam Lodge Kyangjuma (1), donde cenamos, el té masala con leche de siempre, y no más tarde de las 7 de la tarde ya estoy de vuelta en mi habitación, que hoy comparto con Luis, para meditar y escribir.

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